domingo, 8 de julio de 2012

El velo negro

El corazón empezó a latir a la misma velocidad que su cerebro planeaba posibles estrategias... Seis arqueros enemigos eran demasiados, además, sabían dónde estaba.

Por fin decidió lo que haría, sin mirar al bosque, corrió hasta unas rocas cercanas, justo en la dirección contraria a la Princesa Esmeralda, rezando a los dioses por que no hiciera ningún movimiento ni sonido que la delatara. Ella lo entendió al instante y se adentró sigilosa en el bosque mientras una lágrima corría por su mejilla.

Debía correr tan rápido como le permitieran sus piernas, era la única oportunidad que tendría de cubrirse y poder presentar un combate cuerpo a cuerpo... contra seis enemigos. Se oyó una risa y un segundo después sintió un profundo dolor en un hombro, había sido alcanzado. Cayó inmediatamente al suelo, justo al lado de su espada, incapaz de mantener el equilibrio. El dolor era insoportable. Por un momento se maldijo a sí mismo, y se arrastró hacia la empuñadura de plata, dispuesto a acabar con su vida. Entendió perfectamente por qué esa flecha no lo mató... le querían vivo. Hizo un último esfuerzo por llegar hasta el afilado acero, por evitarse el sufrimiento que ahora le esperaba, una vida de tortura y dolor. Se derrumbó espiritualmente, llorando, alargó la mano hacia la empuñadura, la agarró... pero no pudo levantarla, una patada en el costado le dejó sin respiración. El sabor a tierra y a sangre inundó su boca, mientras intentaba recuperar el aliento. Otra patada le dejó completamente incapaz de moverse.

Unas manos fuertes le levantaron por los hombros, el dolor de la herida hizo que estuviera a punto de desmayarse, pero no tuvo esa suerte... sintió cómo su nariz crujía al ser golpeada por unos guantes de malla.

Por fin dejó de sentir el dolor de los golpes, y solo un pensamiento ocupó su mente... debía guardar un rincón de esperanza en su corazón, rezó a los dioses por que la Princesa se salvara.

Con ese pensamiento, un velo negro se apoderó de él, se desmayó con una única esperanza...



1 comentario:

  1. Ains, unas líneas más y me echo a llorar por el héroe... ¡Qué emocionante!

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