jueves, 5 de julio de 2012

La vida continúa

Se despertó y fue a la cocina, atraído por el particular olor a sopa de cebolla, pero, de nuevo, la aldea parecía estar vacía...

-¿Otra fiesta? - Se asomó por la ventana y vio que todo el mundo se arremolinaba en la puerta de la empalizada... así que se dirigió allí tan rápido como pudo.

Cuando llegó, la gente le miraba y se apartaba, dejándole ver quiénes eran los visitantes, el pan que momentos antes había cogido para desayunar cayó al suelo...

No se lo podía creer, ahí estaban las tres personas que faltaban en su vida. Su padre, su hermano, montado en Tárax, el Corcel Negro y... la habría reconocido en cualquier parte, en cualquier situación. Por fin estaba allí su Princesa Esmeralda. El soldado y el mensajero le miraban fijamente, con una leve sonrisa de orgullo, de satisfacción por volver a casa; pero la princesa ocultaba la mitad de su rostro bajo una capucha, dejando ver tan solo su preciosa nariz y su boca, con un gesto helado.

Se acercó lentamente, abrazó y besó a su padre y a su hermano, pronto les preguntaría cómo se las habían apañado para haber llegado, y sobre todo, cómo habían conseguido hacerlo juntos... Pero se encontraba delante de su sueño, de lo que había estado esperando toda la vida. Caminó hacia ella, dos pasos, tres, cuatro... no era el dueño de su cuerpo, era su corazón el que actuaba, se dejó llevar. Ella permanecía inmóvil.

Cuando estuvo a la suficiente distancia, con inmenso cuidado retiró hacia atrás la capucha, liberando su negra melena lisa que se movía con el viento de la mañana, dejando un aroma afrutado.

Justo entonces la miró a los ojos; sus pupilas se contrajeron por el contraste de luz, dejando al verde iris lucir en todo su esplendor, ella le miró, y no hizo falta decir nada más.

Deslizó sus manos a través del suave cuello de la princesa, hasta que los pulgares acariciaron sus mejillas... y entonces sus labios se fundieron en un beso. Un precioso beso, bajo el sol de la mañana; un beso que significaba tantas cosas que ninguno de los dos las hubiera podido describir nunca. Parecía que el tiempo se hubiese detenido.


De repente, la gente empezó a aplaudir, pero, poco a poco se fue transformando en un sonido más conocido... sí, era el peculiar sonido de alboroto de los días de reparto de cacería...
Abrió los ojos, le dolía enormemente la cabeza, estaba en su cama... al parecer la noche anterior había sido dura.

Pronto se percató de que todo había sido un sueño; mas no hubo pena en su corazón, sino una ligera sonrisa en su cara. Estaba aún más seguro de que ese día llegaría...

Con enorme esfuerzo se levantó de la cama, tomó algo de pan de desayuno y se puso en marcha, había mucho que hacer...

La vida continuaba y la meta estaba más cerca...

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