sábado, 7 de julio de 2012

Sargento Vardamir

Caminaba, con ayuda de dos hombres, hacia la enfermería. Por primera vez era consciente de la gravedad de la herida del muslo. Un dolor agudo recorría su pierna cada vez que daba un pequeño paso. En uno de los pasillos se encontró a un guardia con gesto triste y desanimado.

- ¿Qué ocurre?- El interpelado levantó la cabeza y dirigió su mirada directamente al pecho del interlocutor. 

- ¿Señor? - Todo soldado llevaba en el pecho un símbolo que denotaba su rango, así eran fácilmente identificables dentro de los cuarteles. Cuando salían al campo de batalla, el símbolo era cubierto, para que el enemigo no pudiera identificar los altos mandos y dirigir los ataques contra ellos; en esta ocasión, el sargento Vardamir no llevaba el símbolo, pues lo había arrancado de su uniforme varios días antes, cuando vio el campamento base totalmente destrozado, presa de la impotencia y la rabia.

- No busques mi rango, ahora estamos hablando de hombre a hombre. ¿Qué te ocurre? - Una sonrisa intentó relajar la conversación.

- S... señor... no sé qué decir... 

- He dicho que estamos hablando de hombre a hombre, olvida la disciplina militar, di lo que tienes que decir. - El sargento le tocó en el hombro. - ¿Qué te tiene tan apenado?

- Es esta maldita guerra, creo que nunca va a terminar, no importa lo que hagamos, cada vez golpea uno, y al final estamos más cansados y más desanimados.

- Mira a tu alrededor, toda esta gente tiene el mismo pesar que tienes tú. Pero hemos de pensar que algún día terminará, y que queremos estar ese día para celebrarlo, abrazándonos como hermanos. Todo tiene un final, querido amigo; y éste llega cuando tiene que llegar, ni antes, ni después. Dura el tiempo necesario. Nos ha tocado tener que aprender a vivir con esta guerra. ¿De dónde eres?

- De una pequeña aldea al sur de la capital, señ... - Dejó la frase a medio. - Acabo de volver de mi permiso de 4 semanas.

- Te entiendo, yo tengo ahora mi permiso, después de un largo tiempo, por fin podré volver a ver a la gente que quiero, y es por eso por lo que he luchado, sin importar  el esfuerzo que tuviera que derrochar. He luchado por vivir lo suficiente para volver a ver a mi familia, y eso es lo que debes hacer tú. Lucha por que llegue el día en el que puedas hacer lo que quieras, pero no te desanimes si no llega cuando quieres, debes pensar que llegará cuando tenga que llegar.

- Tienes razón, gracias. ¿Cuál es tu nombre? - El tono de tristeza de su rostro se transformó en un gesto serio, pero dispuesto a enfrentarse a cualquier cosa. 

- Mi nombre no importa, quédate con las palabras, amigo. - Dio un golpe en su hombro y metió algo en el bolsillo del uniforme del soldado. - Espero que vuelvas a ganarte un permiso lo antes posible. Hasta pronto.

Continuó por el pasillo, ayudado por sus dos asistentes. Cuando estaba a punto de entrar en la enfermería oyó un: "¡Gracias Sargento Vardamir, nunca olvidaré esta conversación, señor!". En su bolsillo encontró el símbolo que denotaba el rango del padre de Mahtan. Acababa de comprender que todos los hombres eran iguales, no importaba el rango, todos luchaban por un sueño, y solo si acababa esa guerra podrían alcanzarlo. 

Ya nunca más hubo desánimo en su corazón, solo el empuje de seguir adelante en la adversidad.



 

2 comentarios:

  1. Un texto muy positivo, luchar por lo mismo y mantener los valores.
    Un saludo

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    1. Muchas gracias, me alegro de que sigas el blog. ¡Un saludo!

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