miércoles, 11 de julio de 2012

Viejas tradiciones

En la cocina había preparado un trozo de pan de cereales y una vasija con té de frutas. Sonrió, alguien se había dado cuenta de que la noche anterior se había bebido unos cuantos vinos.

Cogió el viejo sombrero de cuero, un regalo de su abuelo, el Viejo, para protegerse del sol y salió a la calle con una taza colmada y la mitad del pan.

El día era importante, dos días antes habían llegado de cacería y el reparto se atrasó un día debido a la fiesta de Mahtan, así que era la hora de repartir la carne entre los hambrientos habitantes. Un grupo de madres, lideradas por la madre de Mahtan, eran las encargadas de realizar el reparto.

En la aldea de los Lobos, decían que las madres eran seres angelicales, incapaces de concebir el mal; habían sido designadas por los dioses para bendecir a la aldea con una nueva vida, que podría ser en un futuro otra madre que continuara el círculo. Si lo que traía era un niño, éste podría dedicarse a la caza, convertirse en un Lobo; o bien realizar trabajos igual de importantes en la aldea. Así pues, las madres eran tratadas con honores y respeto.

Nadie rechistaba lo más mínimo su ración de carne, todo el mundo asumía que se distribuía de la forma más equitativa posible, a tenor de las necesidades de cada familia. Era aceptado que el grupo de madres haría un reparto justo.

A Mahtan le gustaba ponerse a las órdenes de la comitiva y cortar la carne según sus indicaciones. Era una tarea que hacía voluntariamente, nadie se la había pedido nunca. De hecho, la gente le pedía que descansara tras las largas cacerías, decían que ya había gente designada a esa tarea. Pero a Mahtan no le importaba, le gustaba ayudar a la gente, verla sonreír sabiendo que comerían un plato de carne consistente durante unos días.

Algunos niños siempre se acercaban a saludarle, y él estaba encantado de enseñarles a cortar la carne, o de contarles las mejores técnicas de tiro con arco para cazar las mayores piezas. Los niños siempre le pedían a Mahtan que les enseñase a tirar con el viejo arco, pero éste siempre se negaba diciéndoles que cuando tuvieran la edad, podrían empezar su entrenamiento, y que él se encargaría personalmente de sus progresos.
Aquello siempre le hacía recordar la primera vez que fue de cacería con su abuelo, y siempre les contaba la historia a los niños, que sonreían ilusionados.

Cuando ya todo el mundo estuvo servido y las madres se retiraron a descansar, Mahtan se dirigió a la sastrería, atendida por una buena y vieja amiga.

- Eres un desastre Mahtan, siempre rompes las chaquetas por el mismo sitio, ¿tanto te cuesta poner las fundas que te di?

- Necesito la mayor libertad posible para disparar con el arco, aunque esta vez, fue un lobo el que me sorprendió por la espalda y tuve que tirarme al suelo para evitarlo, lo siento.

- Estaba de broma, dame un beso, me alegro de que estés bien. - La fornida mujer apretó a Mahtan hasta dejarle sin respiración. - Parece que has retomado el color, estabas un poco pálido cuando llegaste hace dos días.

- Demasiadas preocupaciones y preguntas sin respuesta, supongo, pero estar aquí enciende la llama de mi corazón.

- No digas tonterías Mahtan, tienes toda la vida por delante, sabes que tu momento llegará.

- Espero que tengas razón, ¿no me ofreces una taza de té? Tengo una resaca espantosa.

- Nunca cambiarás.- Dijo con una carcajada. - Cuando me enteré de que habíais terminado el reparto, puse a hervir agua, pasa...

Conversaron durante largo rato, era algo que a Mahtan le encantaba, cada vez que volvía de cacería solía pasar unas horas con su amiga y, aunque últimamente, el tiempo que dedicaban a las charlas era menor, Mahtan dudaba que hubiera una persona que le conociera más que ella.

- Antes de lo que crees, volveré con un nuevo destrozo. -Salió de la sastrería con las ropas como nuevas, sonriendo al pronunciar las palabras.

- Siempre es una buena noticia que vuelvas. - Las mejillas, ya de por sí rojas de la mujer, parecían arder mientras se despedía.

Se dirigió tranquilamente, paseando, al granero, esperaba encontrar a su madre en su paseo nocturno. Esa noche la acompañaría bajo la luz de la Luna...

No hay comentarios:

Publicar un comentario