miércoles, 15 de agosto de 2012

Dos caminos, una elección

Durante un largo rato se quedó de pie, observando fijamente el lugar exacto donde la piedra se había hundido.  Intentaba encontrar el fallo, qué parte de todo el proceso había hecho mal para que la piedra no hubiera rebotado ni una sola vez...

Se sucedieron pensamientos y sensaciones en su mente, a la piedra le siguió su madre, después su padre; también se acordó de su hermano, el mensajero, del que hacía tiempo que no tenía noticias...

-Cuando esté en el frente sabré de él.- Pensó.

Siguió dando vueltas en su cabeza a todas las situaciones que tendría que afrontar: cómo llegaría a la capital, dónde iría... y lo más importante, qué le diría al rey cuando lo tuviera delante (si es que conseguía una audiencia).

De repente, algo le sacó de sus pensamientos. La noche estaba ya bien entrada, con lo que no sabía cuánto tiempo llevaba ahí de pie... se giró hacia el vivac y vio cómo un lobo se comía los restos de carne que transportaba...parecía demasiado hambriento para luchar, así que en cuanto vio a Mahtan, cogió los restos de la presa con los dientes y se fue lejos de allí.

Mahtan lo dejó ir sin resistencia; después de todo estaba desarmado y ya tenía la carne del día siguiente preparada dentro del refugio, con lo que el amasijo de huesos que el lobo había robado no servía más que para atraer a cientos de bestias nocturnas.

Se acercó con cuidado, por si había algún animal más en los alrededores. Llegó al vivac, encendió una hoguera y se acostó, pensando en el camino del día siguiente...

Supuestamente, si seguía el río llegaría a la capital, aunque era incapaz de decir en cuántos días; sin embargo, aquél no era el mayor de sus problemas, ya que estaría provisto constantemente de agua y carne de los animales que se fueran acercando al río. Así, mientras intentaba averiguar dónde estaba, se quedó dormido en un profundo sueño...


Caminaba por un campo bañado en una espesa niebla, el terreno estaba cubierto de barro, y hacía del viaje una penosa caminata en la que cada paso costaba cada vez más.

Uno de los pasos hizo que se hundiera en un charco. Mientras una fuerza le arrastraba hacia el fondo, Mahtan hacía lo imposible por salir a flote; la ropa, ahora mojada, no ayudaba en absoluto. Tuvo que desprenderse del cinturón, donde colgaba la espada, del arco, las botas, el pantalón y la capa, que se hundieron en el agua.

Entonces una mano tiró de la suya, arrastrándolo fuera de aquella trampa, y dejándolo de nuevo sobre el lodo, prácticamente desnudo.

Era una figura humana, muy anciana, que le resultaba extrañamente familiar.

- Es una época de sacrificios, Mahtan. Tendrás que hacer sacrificios si quieres que todo vuelva a ser como antes. Recuerda que cada cual tiene su lugar, que es donde debe estar; no se pueden cambiar las cosas de esa forma. - Mahtan la miraba, incapaz de hablar. -Todo es un ciclo, todo volverá a ser como antes... encontrarás la luz.

La figura se retiró volando hacia el cielo y, cuando llegó, una luz muy intensa le cegó.


Abrió los ojos, ya había amanecido. Calentó agua y se hizo un amargo té de hierbas; no paraba de pensar en el sueño... Cuando lo tuvo todo recogido supo que había llegado el momento de elegir el camino...

2 comentarios:

  1. Me gusta seguir leyéndote, es como una novela ya empezada de la que voy siguiendo.
    Un abrazo con inspiración

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    1. Muchísimas gracias! Siempre me escribes!

      Me alegro que te guste :).

      Un abrazo

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