martes, 21 de agosto de 2012

El camino propicio

La lluvia azotaba su cara, y el viento, que le había pasado inadvertido hasta ahora, hacía que le costara un gran esfuerzo mantenerse sobre el caballo...

Reaccionó como quien despierta de un sueño, un sueño de ira que le habría llevado a una muerte más que segura. El despertar le trajo un intenso dolor en la herida, además de en los hombros, que llevaban tiempo haciendo un sobreesfuerzo para conseguir que no se cayera.

Se dio cuenta de lo cansado que estaba, y del poco sentido racional que tenía lo que estaba haciendo. Miró hacia delante, el camino era desolador: todo estaba embarrado, y la niebla hacía imposible ver nada a más de unos cuarenta metros... no sabía lo que le esperaba. Sentía la agitada respiración del corcel, y se sintió culpable por forzar a aquél animal de una forma tan desmesurada. Se bajó, acarició la cara del rocín de manera cariñosa.

- Lo siento mucho, eres muy valiente. - Se dirigió cojeando hacia un grueso árbol, con una copa muy espesa.

Se sentó, apoyado en el tronco, mientras dejaba que la bestia descansara unos minutos, pronto retomaría el camino de vuelta.

- Supongo que a veces hay que parar, y si el camino no es propicio, dar la vuelta y esperar un poco, ¿no crees, bonito?

El caballo se dejó caer, exhausto.

1 comentario:

  1. Quizás se hubiese que tenido que parar antes para no agotar al caballo.
    Saludos

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