lunes, 27 de agosto de 2012

La vuelta de Mahtan

Ahí estaba, delante de ese río, con un resplandor de fondo que indicaba que el amanecer era inminente, una vez más, en el sitio exacto donde había lanzado la piedra... La decisión ya estaba tomada.

Comenzó a deshacer lo andado durante los últimos dos días, y no pudo evitar mirar de nuevo hacia el lugar donde la extraña piedra azul se había hundido en el tranquilo río.

Caminó durante todo el día, y solo se detuvo al atardecer, donde volvió a encender una hoguera para cocinar la cena y a prepararse su refugio.

Cenó y caminó unos metros para deshacerse de las sobras. En mitad del camino se agachó para recoger una pequeña rama partida. Era prácticamente imposible adivinar de qué árbol había formado parte en su día, pero parecía llevar mucho tiempo en el suelo, situada en un punto muy visible del camino... como si alguien la hubiera dejado ahí a propósito.

Volvió pensativo, una vez más, hacia la hoguera con aquella rama en la mano, se sentó en una piedra junto a la cama de hojas, frente al fuego, y comenzó a tallar mientras su mente se perdía en sus propios pensamientos.

Había entendido por fin cuál era su lugar, su papel. Ese sueño le había enseñado que tenía unas obligaciones que cumplir, y que seguro que algún día podría desplegar sus alas, que continuaban encerradas en aquella prisión de metal.

Sabía ahora que su lugar estaba en la aldea, junto a su madre y su gente, y que era el encargado de liderar su grupo de Lobos. Se dio cuenta de que cuando su padre y su hermano volvieran, al igual que todos los que estaban sirviendo de uno u otro modo en el ejército, esperaban encontrar la aldea exactamente igual que cuando se fueron. Todos tenían ese sueño, y ahora era responsabilidad de Mahtan que cuando lo alcanzasen estuviera exactamente como lo anhelaban. Mahtan se maldijo por no haberse percatado antes, se sintió tremendamente egoísta.

Volvió en sí, había estado un rato tallando, y la madera empezaba a tener forma humana.

Pensó en su madre, la oyó llorar mientras se alejaba de la aldea, estaba sufriendo mucho más de lo que debería, y una gran parte de la culpa la tenía él. Volvió a maldecirse, su madre no tenía que sufrir sus decisiones mal tomadas...

- Supongo que a veces hacemos daño a las personas que queremos sin darnos cuenta con las decisiones que tomamos nosotros mismos...- La figura tenía forma de mujer.

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