lunes, 13 de agosto de 2012

Los caprichos de los dioses

Se despertó justo cuando la enfermera estaba terminando el vendaje, el dolor había remitido, y un olor que reconoció como el de un tipo de hierba curativa que usaba su mujer impregnaba la fría sala.

Espero que haya descansado, sargento, la herida ya está mucho mejor, seguramente mañana pueda cabalgar a casa. Ya me han dicho que tiene un mes de permiso.

- Así es. - Respondió con aire ausente, preguntándose cuánto tiempo había dormido. Lo cierto era que se encontraba mucho mejor. - ¿Qué ha sido del príncipe...? - Intentó asomarse por la ventana.

- El príncipe partió ayer a la capital, un mensajero trajo noticias sobre un soldado, apellidado Vardamir, que había sido capturado. Así que se fue de urgencia a ver a su padre para tratar el asunto. En cuanto al caballo, no se preocupe, no tenemos los mejores establos del mundo, pero Tárax está bien cuidado...

- ¿Vardamir has dicho?

- Sí, creo que era un mensajero, ¿por qué?

- Soy el sargento Vardamir, ese hombre es mi hijo...

La cara de la mujer se tornó alarmantemente roja.

- L...l... lo siento, señor, no tenía ni idea...

El sargento se incorporó, pero un dolor agudo le hizo volver a recostarse...

- ¿Sabes algo más?

- El mensaje era secreto para el príncipe, señor, no obstante, en la fortaleza se comenta que fue trasladado a la Prisión... Siento darle estas noticias, sargento.

Nadie del reino conocía la Prisión, pero todo el mundo había oído historias. Historias de experimentos y torturas que hacían confesar hasta al más fiel de los soldados. El sargento se derrumbó...

Tras unos instantes de llanto y maldiciones a los dioses bajó de su camilla y con un intenso dolor que casi hizo que se cayera de bruces al suelo, cogió su espada, corrió hacia los establos y montó a Tárax, tomando rumbo sur y azuzando al caballo para que galopase con la mayor celeridad posible...

Nadie reaccionó a tiempo para detenerlo, el sargento cabalgaba ciego de ira, maldiciendo una y otra vez, con violentos gritos. Estaba fuera de sí...


2 comentarios:

  1. El amor del padre por el hijo.
    Saludos

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    Respuestas
    1. A veces los sentimientos buenos nos hacen tener reacciones malas :)

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