miércoles, 1 de agosto de 2012

Un contorno borroso

Sus ojos le siguieron hasta que entró en la casa, empañándose de lágrimas cada vez más.

Siempre había sabido que este momento llegaría, y había dedicado las últimas semanas a prepararse para recibir el golpe...

Al parecer no había sido suficiente.

Cuando Mahtan volvió a casa, sus ojos estaban tan empañados, que apenas pudo distinguir un negro contorno fundiéndose con el oscuro fondo que era la casa. Fue entonces cuando su corazón acabó de sucumbir ante la situación; se derrumbó liberando todas las lágrimas que había mantenido entre los párpados hasta aquel momento.

Ya no quedaba nada de la llama que una vez había iluminado no solo su corazón, sino el de todo el mundo que se encontraba con ella; ahora era una pequeña chispa de esperanza en medio de una tonelada de tristes cenizas. Lloró hasta que no le quedaron lágrimas, se vació completamente, sabía que solo así, deshaciéndose de todo, reuniría algún día el coraje para soplar de nuevo sobre esa chispa y avivar el fuego que ya no calentaba su alma.

No vio a Mahtan partir, no se sintió preparada para ello. Allí se quedó, de rodillas, inmóvil, como un cuerpo exánime que esperaba que saliera el sol para poder reactivarse.

El amanecer dio la bienvenida a un día gris, un día en el que el sol no brillaría tanto, la hierba no sería tan verde como siempre, y el agua estaría enturbiada durante mucho tiempo. Se incorporó, había trabajo que hacer: una aldea entera le necesitaba. Lavó su cara en el río y se dispuso a sus quehaceres matutinos, visitando a los vecinos enfermos.

Siempre recibía elogios de todo el mundo, admirando su capacidad de sobreponerse a la adversidad. Esto no hacía más que reafirmar su teoría: a veces las personas más alegres en la adversidad son las que necesitan con mayor urgencia un abrazo.

Salió de la última casa; pensó en Mahtan, en su marido y en su otro hijo. Una lágrima sin brillo intentó resbalar por su mejilla, pero la detuvo a tiempo, secándola con la mano. Todo se tornaba gris, aunque aún quedaba una chispa naranja oculta entre tanta ceniza...

No hay comentarios:

Publicar un comentario