martes, 7 de agosto de 2012

Una extraña mujer

Su mente estaba llena de recuerdos y sensaciones confusos... Sentía dolor, en el hombro y la nariz, pero también recordaba fragmentos de conversaciones que no había sido capaz de interpretar. Su cara sudaba apretada contra la crin del caballo que le transportaba.

Levantó la cabeza y vio dos caballos delante de él cuyos jinetes eran, a juzgar por los arcos que llevaban en la espalda, los arqueros que le habían capturado... Volvió a desfallecer presa del cansancio y el dolor.


Una intensa pesadilla le despertó, entonces se dio cuenta de que no era una pesadilla, sino la recreación de lo que había pasado no sabía cuánto tiempo antes... volvió a dormir, extasiado.

Recobró la consciencia cuando le bajaron del caballo, sentía una sed espantosa, pero no dijo nada. No era capaz de saber cuánto tiempo había estado viajando...

Dos patadas le sacaron de sus pensamientos, a la vez que escupía sangre y uno de los rudimentarios tapones que detenían la hemorragia de su nariz caía al suelo.

- Llevadlo con la doctora. - Un golpe en la cabeza hizo que volviera desmayarse.

Abrió los ojos, aún confuso y se encontraba atado sobre una tabla dispuesta verticalmente, suspendida en el aire mediante una cadena. Tenía los brazos en cruz y las heridas vendadas... al parecer le querían en mejores condiciones de las que él creía.

Una mujer de misteriosa belleza preparaba un ungüento mientras reía con malicia.

- Vamos a ver quién eres y de qué estás hecho, soldadito.

El mensajero se resignó al darse cuenta de lo que le esperaba, e intentó afrontarlo con valor y orgullo. Sabía que lo iba a pasar muy mal. Pensó en Mahtan y en la Princesa, esperando que se encontrasen algún día y rezó a los dioses deseando que la bendición de la muerte llegara pronto para él mismo.


Bajó la cabeza y suspiró...

No hay comentarios:

Publicar un comentario