lunes, 15 de octubre de 2012

El Sanador

La niña cayó al suelo, inerte, mientras el lobo lanzaba zarpazos y dentelladas en su pequeño cuerpo. Cuando se disponía a dar el golpe de gracia con los colmillos en la garganta, una flecha le atravesó el corazón, matando instantáneamente al lobo, que cayó al suelo tras ser alcanzado por dos flechas más...

Uno de los Lobos se llevó al pequeño niño, totalmente conmocionado, con su madre; mientras que los otros dos corrieron hacia el inmóvil cuerpo de la niña.

-¡Su respiración es muy débil! ¡Hay que hacer algo!

- Creo que no podemos hacer nada por ella. - El arquero desenfundó su daga.

- ¡Detente! ¡Llevémosla al Sanador! ¡Rápido, preparad dos caballos y un carro para transportarla! - La voz del Viejo hizo que ambos reaccionaran de inmediato; era el hombre más respetado de la aldea, el capitán de los Lobos.

No tardaron en acomodar a la niña en el carromato, con una curandera de la aldea que la asistiría durante el viaje... Su semblante estaba pálido como la nieve. El Viejo en persona dirigiría el carromato, y había una escolta de dos Lobos más. Todos estaban muy tensos, nadie quería ver a aquél al que llamaban el Sanador.

El Sanador vivía en una pequeña cabaña a unos 20 kilómetros de la aldea. Nadie sabía exactamente de dónde venía, ni qué había hecho durante su vida, pero tampoco nadie se atrevía a preguntárselo. Transmitía un halo oscuro, como si su alma estuviera podrida y corrompida por algún extraño poder maligno. Sus artes curativas no tenían comparación, pero la leyenda decía que cada vez que las usaba, ocurría algo malo para compensar a los dioses del mal; se hablaba de plagas, inundaciones, o, incluso guerras. Tampoco nadie sabía exactamente cuánto tiempo llevaba viviendo en aquella cabaña, ya que hasta los más viejos del lugar hablaban de él desde pequeños, y corría el rumor de que había vendido su alma para alcanzar la inmortalidad.

El Viejo sabía que aquella niña solo tendría una esperanza si la llevaban al Sanador, o al menos, eso esperaba, y se escudó en su rechazo a las leyendas y supersticiones para dar la orden. Sabía que nadie se opondría, pero también sabía que, de ser ciertas y ocurrir algo malo, perdería todo el respeto de la aldea.

-Una vida es una vida, hay que intentar salvar a esa niña como sea. - La niña era huérfana, y el Viejo se había encargado personalmente de su cuidado y protección, tenía la misma edad que su nieto, el hermano de Mahtan, y por eso la acogió en su familia y la quiso como a una nieta más.

Partieron hacia la cabaña del Sanador, sin saber muy bien si el precio que tendrían que pagar sería físico o espiritual...




2 comentarios:

  1. Gran riesgo cogían para salvar a la pequeña criatura, un riesgo que podía tener grandes consecuencias para toda la aldea pero el amor a la niña era mayor.
    Saludos

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    1. Exacto! Hacía mucho que no pasaba por aquí, me alegro de que sigas al tanto!

      Un saludo!

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