lunes, 17 de diciembre de 2012

Alimentar a la bestia

Las horas en aquella camilla parecían interminables, sin saber nada de su familia y sin poder hacer nada por enviarles ningún tipo de mensaje. No sabía dónde estaban sus hijos -de hecho, seguía creyendo que Mahtan estaba en la aldea- y no conocía de ningún soldado con permiso que fuera a viajar a la aldea o sus alrededores...

Siempre que se encontraba en una situación desesperada, recordaba una de las viejas historias de su padre, el Viejo Lobo:

Muchísimo tiempo atrás, dos hermanos gemelos caminaban un día por los alrededores de la aldea, cuando de pronto, un arbusto se agitó, lo que atrajo su atención.Una cría de dragón negro yacía abandonada, y con las patas rotas junto al cadáver de un jabalí, que tenía el cuello totalmente destrozado tras el ataque de las garras de la cría. Todo hacía suponer que el jabalí había intentado devorar a la bestia, y ésta se había defendido, matando al animal. La cría de dragón intentaba comer parte de la desgarrada y ensangrentada carne del jabalí, pero era incapaz de volar aún y no podía mover las patas traseras, así que se arrastraba penosamente entre pequeños gemidos de dolor.

En la región todo el mundo decía que los dragones negros eran criaturas de una maldad inimaginable, y que su presencia cerca de cualquier aldea debía ser erradicada antes de que pudiera tener oportunidad de liberar su maldad. Por eso, uno de los gemelos cogió rápidamente una piedra del suelo, dispuesto a aplastar el cráneo de la pequeña criatura, que intentaba llegar a la ansiada comida...Pero su hermano le detuvo. Un hechizo de control mental parecía afectarle, estaba obnubilado con la extraña belleza de la bestia, con sus brillantes escamas, con la perfección de las formas de su cuerpo, que seguía teniendo una extraña belleza a pesar de tener las patas destrozadas...

- ¡No lo hagas! Deja que muera solo, no puedo dejar que destruyas una criatura tan maravillosa...
- ¿Cómo? ¿Es que no sabes lo que puede pasar?
- Sí... sí... pero.. míralo, no pude ni moverse, morirá a la intemperie, solo te pido que no lo mates tú... deja que muera, por favor.
- ¡No podemos arriesgarnos!
- Obsérvalo, va a morir... no te conviertas en un asesino, déjalo morir, por favor...
- Está bien, pero vayámonos de aquí, este bicho me da muy mala espina...
- De acuerdo, adelántate, yo cortaré un poco de carne de jabalí, parece que las patas traseras están en buen estado, ¡esta noche cenaremos jabalí al horno, avisa a padre y madre!

Estaba anocheciendo cuando por fin regresó a la aldea. Volvía con las patas de jabalí, pero nunca dijo que el resto se lo había dado a la cría de dragón, a la que llevó a una cueva cercana para intentar curarla.

Con el paso del tiempo, solía ir a ver a la bestia, llevándole restos de comida, y hierbas curativas para las heridas, que poco a poco cicatrizaron.

Un buen día, la cría se convirtió en un pequeño dragón joven, y su malicia había crecido tanto que asesinó a quien le había salvado la vida aquél día. Después se dirigió a la aldea, matando a todos sus habitantes con una crueldad inimaginable: algunos morían envueltos en llamas, otros atrapados bajo sus patas, también había cuerpos estrangulados, y algunos hasta murieron engullidos totalmente... solo quedó uno con vida al final, delante de él... El dragón le recordaba perfectamente, era el hermano de su cuidador, el que tuvo la roca en la mano, el que iba a acabar con su existencia. El humano entonces comprendió la traición de su hermano, por su imprudencia, se había perdido todo... Murió igual que aquél jabalí, con el cuerpo atravesado por las afiladas garras del dragón...

Nunca hay que alimentar a la bestia...

2 comentarios:

  1. Que crueldad!, en cierto modo es cierto que hay animales que no hay que alimentar, ellos mismo se alimentan de la naturaleza.
    Un abrazo

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  2. Exacto... nunca se debería modificar el equilibrio natural...

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