lunes, 4 de marzo de 2013

Corazón congelado

Caminaba bajo la atenta mirada de las estrellas que acompañaban a la Luna en aquella noche nublada. Como siempre, había salido a pasear pensando en su marido, al que tanto echaba de menos. También pensaba en sus hijos, preguntándose qué sería de ellos. El día había sido duro, por la mañana había hecho su trabajo, ayudando a los habitantes enfermos de la aldea. Por la tarde, justo cuando el sol caía, había procedido al reparto de la carne que traían los lobos.

Se encontraba muy cansada y el suelo estaba embarrado debido a la ligera llovizna que había caído por la tarde. El paseo duró menos de lo habitual. Volvió a casa, deseando meterse en la cama y poder descansar. No sabía cuánto podría durar la situación, y ese sentimiento atenazaba su capacidad de sonreír, haciendo que cada día sus ojos se hundieran en un agujero cada vez más profundo. La gente lo notaba, e intentaba ser más agradable de lo habitual. La mujer, sin embargo, sabía por qué lo hacían, y aquello no hacía más que hacerla sentir cada vez más incómoda.

Por fin llegó a casa, tomó una taza de té de frutas y se acurrucó bajo las mantas; apenas le dio tiempo a pensar antes de caer dormida.

Volvió a soñar con sus antepasados, que velaban por ella y la protegían. Ella caminaba por un desierto helado, aunque no sentía frío más que en su corazón. La ventisca le impedía ver a más de pocos metros de distancia, pero sí que podía divisar una luz a lo lejos, y entendió que debía ir hacia allí.

Cada vez le costaba más abrirse camino a través de la nieve y el hielo, resbaló dos veces, pero consiguió mantener el equilibrio; unos metros después calló de bruces contra el suelo. Consiguió levantarse tras varios intentos infructuosos, ya que el vendaval volvía a tirarla mientras intentaba levantarse. Caminaba arrastrando sus pesados pies, dejando dos surcos sobre aquel manto blanco.

Por fin, ya de rodillas, llegó hasta la luz. Una figura familiar portaba un candil encendido cuya llama, lejos de extinguirse, hacía derretir la nieve y el hielo, y formaba una burbuja espectral que detenía el viento, creando un pequeño espacio donde reinaba la tranquilidad absoluta.

La mujer supo que esa llama era su familia, y que debía encontrarla para protegerse de la tormenta de hielo que la azotaba constantemente. La figura acarició su rostro y dejó el candil a sus pies. La madre de Mahtan sintió una cálida sensación de tranquilidad mientras miraba cómo su antepasado se alejaba levitando del lugar dejando una frase en el viento:

- "Recuerda que aunque en algunos corazones es invierno y están cubiertos de un denso manto blanco, al final siempre llega la primavera portando la llama que derretirá todas las nieves que creíamos perpetuas."

2 comentarios:

  1. A pesar de las luchas contra el blanco manto del suelo y sus tareas no le impidieron llegar hasta los suyos.
    Un abrazo

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    1. ¡Es muy valiente! :)

      Gracias por seguir ahí.
      Un abrazo.

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