miércoles, 13 de marzo de 2013

La Reina de Hielo

Un dolor insoportable en las muñecas le despertó. Estaban abrasadas por el roce de la cuerda desde hacía tantos días. Intentó abrir los ojos, pero fue inútil; estaban hinchados debido a los golpes y los párpados estaban pegados con una mezcla de pus y sangre. Su atención se volvió de nuevo a las muñecas... Chilló.

Se maldijo a sí mismo por no haber encontrado la espada a tiempo el día que lo capturaron, podría haberse evitado todo el sufrimiento... Un pensamiento irrumpió en su mente: "¿Cuánto tiempo llevaba capturado?" 

Era la primera vez que se sentía tan despierto después de tantos días y fue en ese momento cuando se dio cuenta de todas las torturas a las que había sido sometido. Notaba el cuerpo lleno de golpes, magulladuras y heridas por todas partes. 

De repente cayó. Notó como algunos de sus dientes se partían cuando su mandíbula impactó contra el suelo. El metálico sabor de la sangre inundó su boca e intentó incorporarse con sus manos, pero no tenía fuerza alguna...

- Creo que ya hemos acabado contigo, has sido muy obediente, pero no nos has aportado casi nada de valor, Vardamir.

El interpelado movió su cabeza, intentando encararse hacia la fuente del sonido. Sabía que la voz era la de la misteriosa mujer que le había torturado e, inmediatamente, se acordó de las cicatrices... 

- Eres patético...

- ¿Quién eres? ¿Por qué me haces esto?

- ¡Jajaja! ¡Vaya! Parece que el soldadito no sabe lo que es una guerra... ¿por qué hago esto, imbécil? - La mujer abofeteó la mejilla del joven, hendiendo en su carne las afiladas puntas de sus oscuros anillos. Un chorro de sangre se unió al reseco charco que había en el suelo.

- ¿A qué esperas para terminar con esto? ¡Acaba de una maldita vez!

- Aún tengo que hacer algo por ti... - Agarró al mensajero por el pelo y le hizo levantarse. Las piernas le temblaban al principio, pero su orgullo evitó que cayera. El chico intentó golpearla, pero ella hábilmente esquivó el torpe intento y agarró al hermano de Mahtan por la muñeca, lo que hizo que se arrodillara presa de un fuerte dolor.

- ¡Estate quieto! - Con un rápido movimiento, sacó su cuchillo de la funda e hizo que el filo rozara ambos párpados en décimas de segundo. Una mezcla de pus y sangre salía a borbotones, pero ello hizo que la víctima pudiera abrir los ojos.

- ¡Ilenda! - Por fin lo entendía, esa mujer era la chica de la aldea, la niña que fue atacada por un lobo y llevaba de urgencia al Sanador. ¡Sí! ¡Estaba seguro de que era ella!

- Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba así... Ahora soy Tarí, la Reina de Hielo...

2 comentarios:

  1. Uno siempre es descubierto aunque cambie de nombre.
    Un saludo y feliz semana

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    1. Siempre entiendes el mensaje que quiero transmitir! :)

      ¡Gracias y feliz semana!

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