jueves, 11 de abril de 2013

Agujero

El pasillo quedó en silencio una vez el soldado se marchó.
Intentó levantarse y dirigirse a la mesa sin tener que llamar a la enfermera. Consiguió llegar con menos dolor de lo que había previsto...

La comida ya estaba fría, y no se podía decir que tuviera un gran apetito; además, el contenido del plato no invitaba en absoluto a abalanzarse sobre él.

Sabía que tenía que comer; eso le haría recuperar fuerzas y ayudaría en la curación de la herida... La herida. La herida era la consecuencia. La herida era el castigo por lo que había hecho, era el traspiés que le había hecho caerse por ese agujero...

Si no se hubiera vuelto loco, si solo se hubiera detenido a pensar por un instante, la herida no sería más que una pequeña molestia en la pierna... Pero no era así, se había vuelto a infectar, y ahora no solo tenía que cargar con la dolorosa molestia en el muslo, sino que también había tirado por tierra las opciones de volver a casa...

Volver a casa.

Podía estar comiendo un delicioso cuenco de sopa de cebolla con venado, mientras, frente a una chimenea, conversaba y acariciaba a su tierna esposa. Por la mañana podría acompañar a su hijo de cacería, compartir un rato con él; para volver al calor del hogar por la noche, y pasear bajo las estrellas con su princesa.

Sin embargo, tropezó con la piedra de la inconsciencia y cayó en ese manto azabache del que no podía salir. También sabía que las cosas no serían fáciles cuando la herida cicatrizara... si es que cicatrizaba. El jefe de la guarnición quería hablar con él y nadie sabía qué se le podía pasar por la cabeza a ese hombre; lo que era seguro era que no disfrutaría de su periodo de permiso.

Pensó en lo fácil que era perderlo todo, en cómo en un instante se puede desmoronar hasta el que creemos más resistente de los castillos. Una brizna de locura había destrozado los cimientos del edificio en el que había puesto sus esperanzas a corto plazo. Ahora debía esperar, enfrentarse a lo desconocido y esperar a que el tiempo le devolviera la oportunidad.

Sentía miedo...

-Supongo que todos sentimos miedo a lo desconocido... - Dejó la cuchara sobre el plato vacío y terminó la comida con un largo trago de agua. Acto seguido volvió a la cama y se hundió una vez más en ese hueco.

Miró por la ventana... el día era oscuro, un día más en esa sala, un día más en ese agujero...

2 comentarios:

  1. Eso suele pasar muchas veces que no nos detenemos a pensar y hacer las cosas en locura que llevan sus consecuencias.
    Un abrazo

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  2. Hay algunos errores que pagamos demasiado caros y nos duele cómo otros pagan los suyos demasiado baratos.

    Gracias por seguir ahí!

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