martes, 30 de abril de 2013

Una cara conocida

- ¡Mahtan Vardamir! ¡Mahtan Vardamir! ¡Mahtan Vardamir! - La voz sonaba familiar, y durante unos instantes, retumbó contra las paredes de la vieja torre derruída.

Antes de ser plenamente consciente de la situación, Mahtan desenfundó la espada, dejando caer la pequeña figura de madera y preparándose para enfrentarse al enemigo. Fue un acto instintivo, tanto que, aún con los ojos casi cerrados, lanzó una estocada que el rival pudo esquivar, no sin dificultad.

- ¡Por todos los dioses! ¿Es que no me reconoces?

Mahtan despertó por fin, todo había sucedido muy deprisa, y su cabeza tenía toda la información desordenada. Tardó unos instantes en poder ordenarla por completo.

La persona que le había despertado era un Lobo de la aldea, un explorador encargado de adelantarse para rodear a las presas, había estado durmiendo, y tenía el cuerpo entumecido y congelado. La ropa se le había mojado, todo el suelo del vivac estaba empapado debido a que la tierra no pudo absorber toda el agua caída en la tormenta, y tenía dos serias picaduras en los labios, justo donde los colmillos de la extraña mujer se le habían clavado.

-P...Perdona, ha sido una reacción instintiva, afortunadamente estaba tan dormido que apenas pude levantar la espada...

-Es peligroso dormir en estas tierras, hemos encontrado varios lobos en los alrededores. ¡Ven aquí, dame un abrazo!

Los dos Lobos se abrazaron como dos hermanos que no se ven desde hace mucho tiempo. Tras ello, Mahtan recogió el vivac, las armas y la bolsa de la comida, ya casi vacía.

El sol trataba de asomar con un reflejo que intentaba ser rojo por encima de las montañas, al este; pero por mucho que lo intentara, no podía competir contra las densas nubes tormentosas que teñían todo con tonos grises; a pesar de todo, el amanecer fue bienvenido y los dos compañeros se pusieron en marcha.

- Nos dirigimos al norte, he conseguido rodear un grupo de cinco venados que se han separado de la manada principal, espero que a medio día podamos atraparlos contra el grupo principal.

-¿Cuántos días lleváis de caza? - Mahtan solo quería regresar cuanto antes, así que hizo la pregunta deseando que el cazador respondiera con un número grande.

-Cinco, a medio día deberíamos regresar, la aldea ya nos estará echando de menos... Tenemos dos días y medio de camino, aunque entendería que quisieras adelantarte...

-No es necesario, al fin y al cabo, sigo siendo uno de vosotros.

-El más importante, capitán.

Al filo del medio día, Mahtan divisó el estandarte del carro, a lo lejos; y a medio camino, el pequeño grupo de animales. El plan había resultado. El cazador consiguió herir a uno de ellos en el muslo, lo que hizo que todos salieran dispersados en dirección contraria, cayendo en la trampa. Mahtan abatió a la bestia herida de un certero disparo, y el resto murió al acercarse al grupo de Lobos.

-¡Con estos cinco y las otras diez piezas que llevamos serán suficientes para unos días!

El sol había conseguido impregnar de color los verdes campos, ya que la tormenta se había convertido ya en una pequeña llovizna, haciendo menos densas las oscuras nubes que habían privado a Mahtan de su luz durante los últimos días.

El camino de vuelta fue tranquilo, a excepción de dos ataques de lobos justo al anochecer, uno cada día. Sin embargo, los Lobos pudieron repelerlos sin problemas. Era agradable para los cazadores tener a Mahtan de nuevo con ellos, su sola presencia les subía la moral y les inspiraba valor y entusiasmo. Para Mahtan también fue bueno que lo encontraran, se había quedado prácticamente sin comida y así podía disfrutar de la compañía de sus hermanos Lobos, recuperando su confianza y conociendo las últimas noticias de la aldea.

Al anochecer del segundo día llegaron a la aldea. Todo estaba dispuesto para el reparto, y una figura femenina aguardaba la primera tras la pobre empalizada.

- Sabía que vendrías...

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