jueves, 4 de julio de 2013

Una escalera

El sol se desangraba lentamente contra una montaña, al oeste, tiñendo de rojo una parte del horizonte que poco a poco iba siendo invadido por un ejército de estrellas que reclamaban su turno.

Dos sombras completamente estiradas se proyectaban en el suelo, mirándose una a la otra.

- Sabía que volverías...
- He comprendido que mi sitio está aquí.

La mujer se dejó caer sobre las rodillas, incapaz de contener la emoción. El fruto de sus sentimientos se deslizaba fugazmente por las mejillas, cayendo rápidamente al suelo.

Mahtan se apresuró a abrazar a su madre, la besó tiernamente en la frente y volvió a abrazarla. Más lágrimas  de felicidad brotaron de los bellos ojos de la mujer, que correspondió a su hijo abrazóndole con todas sus fuerzas.

- Siento haberme ido, sé que lo has pasado mal por todos nosotros, pero tenía que entender... tenía que comprender... - Mahtan hizo una pausa.- Tenía que equivocarme.

-Ya lo sé, hijo mío. Lo importante es que estás aquí, y eso me llena de felicidad... pero, ¿qué pasa con tu sueño?

- Esmeralda puede esperar, mi sitio está aquí, tengo que ayudarte a ti y a la aldea, todos confían en mí. Esta escalera se sube poco a poco.

- ¿Escalera? - La mujer centró sus brillantes ojos en los de su hijo, sin entender muy bien a qué se refería.

- En mis largas travesías tuve mucho tiempo para pensar,  entendí que cada uno tiene su lugar, su función, y que todo lo que tenga que ocurrir ocurrirá a su debido tiempo. Nada funciona bien si lo fuerzas. - Mahtan ayudó a su madre a levantarse, incorporándose a la vez con ella. - Ahora entiendo la vida como una escalera. Cada decisión que tomamos nos lleva a subir un escalón, a partir de ahí, tenemos dos opciones: seguir subiend, o volver al escalón anterior si nos hemos equivocado. A veces cometemos el error de subir los escalones demasiado deprisa, y éstos desaparecen, esfumándose; de tal forma que para volver al punto donde estábamos antes hay que dar un salto muy grande, y podemos caernos de la escalera.
Por eso vuelvo a este escalón, y cumpliré mi deber hasta que llegue el momento.

- Mahtan...

- Vamos a casa, madre. Los dos nos merecemos un descanso.

Cuando entraron en la casa, la Luna reinaba en el cielo, extendiendo su manto por todo el firmamento y borrando todo rastro del sol, que había, por fin, llegado al final de su camino.

El reparto se hizo de noche, bajo la luz de las antorchas. Mahtan y su madre tomaban un cuenco de sopa de cebolla y unos trozos de pan de cereales cuando uno de los Lobos llamó a la puerta. El joven se levantó de la silla y abrió la puerta con parsimonia.

- Sé que es un poco tarde, pero aquí os traigo la parte del reparto correspondiente a los Vardamir.

- Muchas gracias, hermano.

La mujer apareció tras la puerta. - Parece mucha carne, habéis tenido una buena caza.

- Sí, señora, estamos muy contentos.

Mahtan miró a su madre, cuyos ojos expresaban toda la pena que sentía, y entendió al instante lo que debía hacer.

- Creo que podemos arreglárnoslas con la mitad de carne... a fin de cuentas solo estamos dos... Y aquí hay carne para cuatro personas. - El Lobo no supo qué decir. Mahtan lo cogió del hombro. - Muchas gracias, nos quedaremos con la mitad. Por favor, reparte el resto entre las familias más necesitadas, seguro que lo agradecerán más que nosotros.

- Sí, señor. Mm... me... me alegro de que esté de vuelta, capitán.

- Yo también.

Despidió al cazador y cerró la puerta. Madre e hijo colocaron la carne en la despensa, y charlaron un rato más frente a una taza de té.

- Creo que hoy padre entendería que no salieras a pasear.

- Claro que lo entendería, pero de todas formas lo haré.

- ¿Quieres que te acompañe?

- Prefiero ir sola, además, debes descansar, mañana te espera un largo día, todo el mundo te requerirá para algo, seguro.

- Adoro la rutina...

La mujer sonrió, besó a su hijo en la frente y salió por la puerta, con la única compañía de la Luna y sus secuaces que guardaban fervientemente el firmamento en aquella noche despejada.

Mahtan se durmió con el último pensamiento de volver al escalón que nunca debió subir...

2 comentarios:

  1. Saber retroceder de un peldaño cuando nos hemos equivocado es muy sabio pero no muchas veces sabemos realizarlo.
    Un abrazo

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  2. ¡Precioso e inspirador! Aunque no estoy de acuerdo con lo de la escalera, demasiado lineal para mi gusto ;)
    Lo que más me ha encantado es que ella siga paseando bajo la Luna =)

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