lunes, 4 de noviembre de 2013

El camino difícil

Se encontraba en medio de un cruce de caminos, el sol ardía en el cielo, iluminando todo el paisaje. La zona quedaba envuelta entre altas montañas escarpadas, con algunos pequeños árboles ubicados sin ningún tipo de orden. Su mano derecha sujetaba firmemente una espada larga, de un material que no supo distinguir, aunque sí que notó que era muy ligero. La hoja escupía el reflejo del sol, que a su vez rebotaba contra el metal del escudo que sujetaba con su mano izquierda. Éste era de madera maciza, recubierta con una protección de acero.

Una sombra en el suelo le alertó, con el tiempo justo para girar y golpear con el escudo a un ser que atacaba desde el aire. El golpe aturdió por unos instantes a la criatura, lo que dio tiempo a Mahtan para recuperarse y adoptar una posición ofensiva.

El atacante volvía a incorporarse, tenía las alas grandes, cubiertas de plumas negras y tres garras en la punta, haciendo eje con el torso. Las patas posteriores tenían cierta similitud con las de un lagarto, pero eran más fibrosas y con uñas afiladas. La cabeza era totalmente calva, y la mandíbula albergaba un hocico cubierto de dientes afilados como cuchillas.

La bestia cargó y Mahtan esquivó el golpe con un ágil movimiento lateral, pero la espada, en un gesto involuntario, guió el brazo del Lobo hasta la cabeza del ser, golpeándola con la empuñadura y tirándola al suelo. El escudo se movió también solo, aplastando el cuello del animal contra el suelo, destrozando los huesos y dejándolo moribundo. El soldado acabó con la agonía. La espada tenía un tenue resplandor verde.

Al recuperar la espada, no había ni rastro de sangre y los restos de la criatura comenzaron a arder, convirtiéndose rápidamente en un intenso humo negro. Finalmente se consumieron.

Mahtan miró al frente, los dos caminos guardaban muchas diferencias entre sí: Uno era muy llano, una leve bajada con un suelo de tierra, plano y sin vegetación. Carecía casi por completo de rocas y obstáculos, y a lo lejos podía distinguirse el brillo de una fuente natural. Había algo que lo hacía extremadamente hipnótico, casi ilusorio.

Formando ángulo con éste se presentaba la otra posibilidad. Un camino tortuoso, lleno de subidas y bajadas, de un terreno plagado de piedras, y maleza. Intentar adivinar qué había más allá se antojaba muy complicado, pues la maleza, los árboles desnudos y las rocas hacían difícil seguir la senda con la mirada. Si Mahtan se decidía por ese camino, sabía que iba a tener que pelear.

Volvió la vista hacia la primera opción. Parecía realmente cómodo. Giró de nuevo, por el cielo volaban criaturas como la que acababa de ver... Dio un paso hacia el camino fácil... pero justo antes de apartar su mirada, algo le hizo vacilar; un destello verde como el de la espada se distinguía al fondo.

Se decidió definitivamente por el camino difícil.

Llevaba muy poco caminado cuando notó cómo decenas de guijarros se le clavaban a cada paso; el terreno estaba fangoso, y el barro se adhería a sus botas, haciéndolas pesadas y dificultando el paso.

Varios enemigos voladores intentaron derribarle, pero la espada volvía a lucir y a dirigir su brazo, causando impactos certeros y fatales para los enemigos. Así siguió durante largo rato. Casi exhausto se decidió a parar unos segundos. Miró hacia atrás y vio con gran decepción lo poco que había avanzado. Notó que la oscuridad se cernía poco a poco sobre él, y miró hacia el cénit intentando encontrar la esfera solar. Allí la encontró, aunque lejos de su habitual resplandor, solo proyectaba una tenue luz, que iba siendo absorbida poco a poco por las sombras.

Sus pies se hundían más y más a cada paso, y cada vez que desencajar uno del barro para seguir avanzando  resultaba un esfuerzo aterrador. Finalmente quedó hundido hasta las rodillas. Mientras recuperaba el resuello otra criatura le atacó, y, sin la posibilidad de encararse, ésta le hirió en un hombro, haciéndole soltar el escudo, que mágicamente volvió a su mano izquierda. Las armas eran cada vez más pesadas y ya no bailaban solas hacia el enemigo, que se preparaba para atacar una vez más.

En el último instante consiguió cubrir su cuerpo con el escudo para detener la embestida. Sus últimas energías se invirtieron en lanzar una última estocada contra el atacante, que estalló con la cabeza partida en dos.

Mahtan no podía sujetar las armas más tiempo, se habían vuelto extremadamente pesadas, y cada vez se hundía más en el fango... Intentó soltarlas, pero estas volvieron a su mano.

Sin fuerzas, se resignó a esperar al final... el escudo arrastraba su brazo izquierdo hacia el fondo, secundado por la espada....

1 comentario:

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