jueves, 9 de enero de 2014

Obstáculos

Desesperado, intentó luchar por salir de aquellas arenas movedizas. Las armas pesaban tanto que apenas podía moverlas, haciendo un gran esfuerzo con el hombro herido, que sangraba a borbotones.

El humo negro del último enemigo se revolvía sobre su cabeza, oscureciendo aún más la escena. Finalmente y sin resuello se resignó a esperar el final, mientras las armas le empujaban más y más hacia abajo. La temperatura helada de la tierra le congelaba hasta los huesos, apenas sentía ya las articulaciones cuando tomó la última bocanada de aire antes de sumergirse casi de lleno en el fango.

Su pelo se cubrió finalmente de lodo cuando en su cabeza solo contemplaba el pensamiento de que había sido derrotado, ni si quiera se planteó la idea de por qué no había tomado el otro camino, más fácil. Sabía que ese era el camino difícil, y, aún así lo había tomado sin saber exactamente por qué...

Justo antes de desfallecer, notó cómo poco a poco iba recuperando la sensibilidad en todo el cuerpo, cómo el frío desaparecía de sus huesos y cómo la presión en el pecho por la falta de oxígeno se aliviaba al sacar de nuevo la cabeza y tomar una intensa bocanada de vida. La tierra que poco a poco le había ido empujando hacia abajo, comenzaba a elevarle dulcemente, a la vez que las armas se hacían livianas en sus manos. 

Mientras se recuperaba se dio cuenta de que el sol volvía a brillar, la tierra ya no era fangosa; el frío, que antes había paralizado todas sus articulaciones, se había transformado en una agradable temperatura y una sensación de bienestar. Se encontraba envuelto en una esfera etérea, casi transparente, aunque de una tonalidad verdosa en cuyo centro había una figura de apariencia humana. El cuerpo era claramente de mujer, y una larga capucha cubría sus facciones hasta la boca. Por la cara se deslizaban preciosos mechones negros que describían bucles imposibles reflejando el brillo del sol, que solo brillaba dentro de la esfera.

Tardó unos instantes en apartar su mirada de la figura, que vestía una túnica blanca inmaculada con ribetes color esmeralda. Se dio cuenta de que dentro de la esfera todo era idílico, agradable, incluso él mismo no habría podido imaginar una sensación mayor de bienestar. Sin embargo, fuera nada había cambiado, todo estaba cubierto por una tenue oscuridad, el suelo seguía yermo y lleno de rocas. Los árboles, grises, parecían pedir a gritos ser bañados por la luz del sol.

Sacó la mano del escudo fuera de la esfera y tuvo que meterla de nuevo de inmediato, ya que se volvía tan pesado que a punto estuvo de dislocarle el hombro... El hombro. Se llevó la mano al hombro herido para comprobar que ya no quedaba nada de la lesión, tan solo un agujero en la ropa. 

Miró a la mujer, pero, antes de que pudiera articular palabra, ésta se llevó un dedo a los labios indicándole que guardara silencio... Tras unos instantes, dijo:

- Todo esto es lo que tú has creado, todo está en tu mente.

- ¿En mi mente?

- Sí, al igual que todas las respuestas a las preguntas que ahora mismo te estás haciendo.

- ¿Por qué tomé este camino en lugar del otro?

La imagen de la mujer se iba tornando borrosa poco a poco.

- Tú mismo sabes por qué... quizás te ayude preguntarte mejor qué quieres encontrar. Los caminos se toman para encontrar algo al final.

- No sé qué quiero encontrar.

- ¿Estás seguro? - La voz se hacía más y más tenue a medida que la figura desaparecía poco a poco.

- ¡Espera! ¡No te vayas! - La silueta era ya casi imperceptible... Mahtan intentó coger su mano, pero ésta se convirtió en humo verde, que iba consumiendo el resto del cuerpo. - ¡A ti! ¡Te busco a ti! ¡Busco esta sensación de bienestar! - La boca de la mujer esbozó una pequeña sonrisa antes de ser consumida por el humo.

Volvía al punto inicial, antes de ser tragado por la tierra... Sin más opción, siguió caminando. La historia siempre se repetía: empezaba a caminar, cada vez todo se hacía más lento y pesado; el camino se tornaba más y más difícil. Siempre estaba a punto de morir por las heridas de una de las criaturas a las que se enfrentaba, o de nuevo tragado por el fango, o, incluso, en trampas naturales que le partían las piernas... Pero siempre, en el último instante, la mujer volvía junto con su esfera de tranquilidad y le salvaba de la muerte. Le repetía que todo estaba en su mente, y todo volvía a empezar.

Antes de retomar el camino una de tantas veces, se dio cuenta de verdad de que todo ese sufrimiento estaba en su mente; hizo acopio de fuerza de voluntad para intentar superarlo. Comprendió que eran sensaciones de su vida que no había terminado de asimilar, aunque manifestados en ese extraño universo. Entendió la frustración que le causaba el no poder manejar las armas; también el hecho de que no podía deshacerse de los problemas simplemente soltándolos, ya que volverían a él como hacía la pesada espada. Aquello con lo que se enfrentaba a sus enemigos le hacía torpe y lento, y le encaminaba una y otra vez al sufrimiento.

A medida que aclaraba sus pensamientos, la escena dejaba de repetirse. El camino ya nunca más se hizo pesado, la espada volvía a ser liviana y manejable y el escudo, fiable. La silueta dejó de aparecer, pues ya no la necesitaba para salvar la situación.

Por fin llegó al final del recorrido. 

Se encontraba en el borde de un acantilado. El cielo era de un color azul intenso, con blancas nubes que parecían dibujar figuras en el aire. El suelo estaba cubierto de hierba y flores preciosas y la fresca brisa marina secaba su sudor y le proporcionaba una agradable sensación.

Sobre una piedra se encontraba la figura, esta vez totalmente corpórea:

- Aquí estás, has superado las dificultades que tú mismo te ponías sin saberlo. Así debe ser. Cada vez que te obsesionas por encontrarla pones un obstáculo en el camino. Ese camino es sencillo si tienes paciencia, solo tú te pones las trabas Mahtan. Recuerda, todo llega a su debido tiempo. No lo olvides.

Se levantó poco a poco la capucha para desvelar lo que Mahtan ya sabía: esos ojos eran inconfundibles.



1 comentario:

  1. El recuperarse vio la vida y lo que le rodeaba con otros ojos y empezó a disfrutar de ella.
    Saludos y que tu día sea bueno.

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